martes, 16 de octubre de 2012

Shide de Samhain I


 El frío comenzaba a azotar con fuerza los campos de la bella Irlanda, las hierbas altas que pese al paso del tiempo seguían conservándose verdes, como debía ser en la Isla Esmeralda. Había llegado Samhain, ahora las gentes habían terminado de recoger las cosechas y los frutos de esos últimos arboles otoñales, y se preparaban para la llegada de un invierno, de una época oscura, que se presentaba especialmente fría.

Los días en aquella tierra eran extraños. Los cielos normalmente grises dejaban apartarse las nubes para que claros rayos de sol iluminaran los campos, muestra de como la luz atravesaba toda oscuridad. El viento mecía los pocos árboles que pintaban los prados y en los bosques susurraba entre la bóveda de hojas que cubría el techo. Un día gris y frío podía tornarse brillante y cálido, la luz del sol quedaba entonces velada por  una cortina de fina lluvia y la magia de la unión entre ambas esbozaba un arcoiris que remarcaba el horizonte en un hermoso cuadro.

Eibhlín dejo que sus alas se desentumecieran al abrirlas a su espalda. Estas eran de un color verdoso, semitransparente, que tomaba brillos dorados cuando repercutía en ella la luz del sol. No eran grandes, no tan grandes como para poder levantar el cuerpo de ella tan solo por su envergadura. No era eso lo que le daba la capacidad de volar,sino el polvo que se veía como impregnaba estas, como se deslizaba hacia el suelo con el mínimo movimiento de las mismas.

La apariencia de ella era como poco curiosa para alguien que no había visto jamás a un miembro del pueblo de las Aes Sidhe. Su piel era de un tono verdoso bastante claro y tenia una apariencia muy similar a la seda, delicada, suave... incluso en las zonas donde los tatuajes tribales marcaban su piel, en los brazos y los tobillos, y en la triple luna pequeña que adornaba su frente. Los cabellos eran largos hasta alcanzar la parte trasera de sus rodillas, de color verde oscuro, brillante, que parecía moverse enmarcando su rostro aun en los momentos en los que no corría ni la más ligera brisa. Sin embargo lo que más llamaba la atención de ella era sin duda alguna los ojos... unos ojos grandes, también verdes, pero con unas vetas doradas que se movían haciendo que la expresión de los mismos fuera tan profunda que pareciera atraparte en su interior. El resto de rasgos se asemejaban mucho a los de una mujer realmente hermosa: tenia unas caderas generosas, una cintura de avispa, un vientre plano... lo único diferente eran las orejas, que se volvían un poco más estrechas en la parte superior quedando así de punta. Un cuerpo hermoso que ahora se mostraba completamente desnudo después de salir del túmulo.


Los pasos de la mujer le llevaron sobre el suelo húmedo de rocío hacia lo que parecía ser un manantial cercano, un manantial de aguas cristalinas en las que se reflejaban las nubes teñidas de plata gracias a la luna. Aquel mundo era muy parecido de aquel del que venía ella, y a la vez completamente diferente, era por eso que le gustaba visitar aquel mundo cada vez que se lo permitían. Por eso le gustaba tanto Samhain, porque el velo que separaba ambos mundos igual que las brumas ocultaban Avalon era cada vez más fino.

Sus manos descendieron hasta el agua dejando que el líquido elemento rozara su piel haciendo que su propio reflejo se rompiese en un conjunto de ondas que se extendieron por toda la superficie. La imagen era curiosa pues en cierto sentido ella parecía una cerbatilla que se adelantaba a la orilla a beber, un ser hermoso que era poco común de ver... peligroso y atrayente a la vez.

Quizás fue por eso que el hombre que había en el otro lado de la orilla se quedó observándola  El había acudido allí para limpiar la sangre de sus manos, la que se había asentado allí después de dar caza a un gran ciervo que se usaría en el festín de aquella noche. El era uno de los cazadores de su poblado, de los mejores cazadores. Un chico joven que no tendría más de los 25 años, de apariencia fuerte y cabellos de un color rojo fuego. Sus ojos eran de color verde, pero de un verde mucho más claro y homogéneo que los de ella. Vestía ropas sencillas, unos pantalones de cuero y una camisa de lino en la parte superior, además de unas botas fuertes llenas de barro.

El había sumergido las aguas en el lago igual que ella,pero se había quedado totalmente paralizado al verla. Lejos se escuchaba el sonido de tambores y gaitas que interpretaban una melodía rápida que acompañaría seguramente el baile de aquella gente. Junto al hombre descansaba el cuerpo del animal, con los ojos cerrados y una marca pintada en vitrio azul sobre su lomo.Y fue precisamente aquello lo que llamó la atención del hada.

Era normal... los Aes Shide venían de un mundo donde acudían las almas de todos los seres muertos y era común que condujeran estas en su camino hacía ese mundo. Era por ello que, igual que el hombre sentía como que el corazón del animal había dejado de latir, ella sentía como poco a poco su alma se hacía más fuerte...y la presencia fantasmagórica más clara de modo que se esbozo en el ambiente como una nebulosa entre gris y plateada, extremadamente realista.

La mujer se puso en pie lentamente sin importarle que su cuerpo estuviera completamente desnudo, que los ojos del hombre la recorrieran por completo y muy lentamente.Ella era naturaleza, y como tal no había espacio para las ropas ni la más mínima necesidad de ellas.

-Tu eres el rey astado.


Ditulis Oleh : Diana García // 6:29
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